Inercia zombie

Reseña de Realismo capitalista de Mark Fisher (Buenos Aires: Caja Negra, 2016). Salió en Brecha el 30 de junio de 2017.


22-23-mark-fisher-realismo-capitalistaEl año 2017 comenzó con una noticia terrible: Mark Fisher, una de las voces más interesantes y originales del panorama intelectual británico, terminaba con su vida a los 48 años, pocos días antes de la publicación de su tercer libro, The Weird and the Eerie. A finales de los noventa Fisher formó parte de la Cybernetic Culture Research Unit, un colectivo de investigaciones experimentales que surgió en la Universidad de Warwick, y en el que participaron figuras como Sadie Plant, Nick Land, Kodwo Eshun y Kode9. Sin embargo, su trabajo tomó notoriedad con la fundación en 2003 de su blog, K-punk, que se convirtió en el centro de una constelación de blogs de teoría crítica en los que se cruzaba música, teoría, cultura popular y política, y al cual Simon Reynolds definió como “una revista compuesta por una sola persona superior a la mayoría de las revistas en Gran Bretaña”. El año 2009 vio la publicación de sus dos primeros libros: Jacksonismo. Michael Jackson como síntoma (Caja Negra, 2014), una colección de ensayos sobre el ídolo pop de la que Fisher fue editor, y Realismo capitalista: ¿no hay alternativa?, una indagación política escrita a raíz de la crisis económica de 2008.

Realismo capitalista… está atravesado por dos conceptos cruciales: la afirmación de Margaret Thatcher de que “no hay alternativa” (al capitalismo), y la frase, atribuida tanto a Frederic Jameson como a Slavoj Žižek, de que “es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo”. Esta idea marca con exactitud lo que el autor entiende por realismo capitalista, es decir, la idea de que el capitalismo tardío no sólo es el único sistema económico viable, sino que es imposible incluso imaginar una alternativa. Fisher parte de estas nociones para encontrar una alternativa, o más bien un camino o una serie de praxis que posibiliten la generación de una alternativa. El concepto de realismo capitalista ya había sido utilizado con anterioridad, pero a su entender, “el realismo capitalista no puede limitarse al arte o al modo casi propagandístico en el que funciona la publicidad. Es algo más parecido a una atmósfera general que condiciona no sólo la producción de cultura, sino también la regulación del trabajo y la educación, y que actúa como una barrera invisible que impide el pensamiento y la acción genuinos”. La fuerza del mercado ha despojado a la humanidad de cualquier ley trascendente, y el cinismo y la ironía se han instalado como barreras protectoras frente a los peligros de la fe y de las ideologías del pasado, como el bajo precio a pagar por quedar resguardados del terror y el totalitarismo. Un mundo en el que cualquier esperanza o creencia en una mejora no es más que una ilusión peligrosa, y en el que lo alternativo o independiente ya no implica una zona de actuación autónoma con potencial subversivo, sino un espacio pre-incorporado al interior del mainstream a través del modelado preventivo de los deseos y las esperanzas.

Fisher utiliza con destreza ejemplos del cine (Wall-E, Niños del hombre), la música (Kurt Cobain, Bono) y su vida personal para anclar en la vida cotidiana las ideas que presenta, un proceder que le debe mucho al trabajo de Žižek, quien afirmó que este libro era el “mejor diagnóstico del dilema que tenemos”. Y es de su experiencia personal que provienen varias de las observaciones más interesantes sobre el capitalismo-parásito, esa máquina de hacer zombis. Por ejemplo, el caso de sus alumnos y lo que él propone como un estado hedónico depresivo, es decir un cuadro que se constituye no por la incapacidad de sentir placer, sino por la imposibilidad de realizar cualquier actividad fuera de la búsqueda inmediata de placer. Una consecuencia directa de la cancelación del futuro que lleva irremediablemente a una vida basada en la inmediatez. También señala al déficit de atención y la hiperactividad como patologías del capitalismo tardío, “una consecuencia de estar conectados a circuitos de entretenimiento y control hipermediados por la cultura de consumo”, cuya culpa y obligación de solucionarlas siempre recaen sobre el individuo. Esta privatización de la salud mental es una de las aporías que Fisher considera –junto a la burocracia neoliberal, con el call-center como su representación ideal– no ha sido politizada de manera suficiente, y que puede servir como base de un cuestionamiento del sistema actual. La “normalidad” de la situación (la depresión es la enfermedad más tratada por el sistema de salud inglés) debe ser cuestionada para demostrar su relación con el funcionamiento inherentemente disfuncional del capitalismo, así como para reinstaurar la idea de lo público y el bien común.

Realismo capitalista… es un libro desbordante de ideas y propuestas cuya superficie esta nota apenas acaricia. Aunque por momentos pueda leerse como una visión apocalíptica de nuestro presente, es antes que nada un llamado a la búsqueda de alternativas, a encontrar las grietas en las ruinas del sistema actual que nos permitan vislumbrar otros mundos posibles.

Un comentario en “Inercia zombie

  1. Pingback: faf.

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