El agua negra

Reseña de Los peligros de fumar en la cama de Mariana Enriquez (Montevideo: Anagrama, 2017). Salió en Brecha el 25 de mayo de 2017.


f0449bf3d9b22b03b516db3b4393a478bdf1bd81Luego del éxito de Las cosas que perdimos en el fuego, Anagrama reedita el primer libro de cuentos de Mariana Enriquez, Los peligros de fumar en la cama. Publicado originalmente por Emecé en 2009 (y con una magra circulación en nuestro país), esta colección supuso un giro en la escritura de la autora, el primer paso que la alejó de un realismo “bajonero” y la acercó a las aguas negras del terror. El cambio más notorio de la reedición de Anagrama –que no agrega ni quita cuentos– es visual, abandonando el emo-pop de la tapa original por una imagen más gótica, que hermana a los dos libros.

Para quienes leyeron Las cosas que perdimos en el fuego la primera sensación será de reconocimiento. En estos cuentos la voz y el universo de Enriquez ya se distinguen: el orden de lo cotidiano invadido por lo extraño, la perspectiva de las mujeres jóvenes, el retorno del pasado y la bomba hormonal de la adolescencia, entre otros atributos de su escritura. Sin embargo, el apego a las convenciones del género es mayor aquí, como si la autora fuera probando las diversas posibilidades que el canon del terror le ofrece. Los relatos tienen una construcción clásica, en la que la acción avanza hacia finales bien desarrollados y sorprendentes, que no clausuran las historias sino que las impulsan más allá de la última palabra. Enriquez en muy pocas páginas fabrica mundos que se sienten reales, y que en algunos casos se acercan a formar un universo común (la clase media aburrida por un lado, la villa por el otro). Un solo cuento sucede fuera de Argentina, el excelente “Rambla triste”, que traslada la acción a una Barcelona atormentada por las apariciones de niños y un olor nauseabundo del que no hay escapatoria, y que constituye un ejemplo perfecto de su capacidad para crear miniaturas terroríficas.

La prosa es efectiva sin ser aburrida, con un tono levemente coloquial que otorga verosimilitud a lo local y a la vez abre el espacio a momentos de humor negro. Como en “La virgen de la tosquera”, en el que la voz de las adolescentes está muy bien lograda, en un cuento que pasa de lo cotidiano al terror en unas pocas brazadas; el primero de esos aquelarres que a la autora se le dan tan bien. Lo cotidiano es esencial en la literatura de Enriquez, ya que la rajadura por la que se filtran los interiores palpitantes requiere una doxa a la cual corromper, un régimen social que los cuerpos nunca deberían atravesar. La transgresión es la característica fundante de esta escritura, y los chicos –como en la literatura de Silvina Ocampo–, o más exactamente las chicas jóvenes, son las únicas capaces de habitar ese corrimiento, ese lugar nuevo de placer y de dolor. Porque como señala Sylvia Plath en el epígrafe, lo más temible nos habita como una cosa oscura y maldita que se retuerce en nuestro interior. En este libro la barrera entre interior y exterior está más debilitada que en Las cosas…, la carne se ubica en primer plano, ya sea en descomposición (“El desentierro de la angelita”) o como parte de un ritual caníbal de fanáticas desquiciadas (el brillante “Carne”), por momentos aproximándose al gore, como señaló Beatriz Sarlo.

Diversas líneas unen estos cuentos. “El carrito” y “El aljibe” son historias de maldiciones muy bien logradas. “Chicos que faltan” y “Cuando hablábamos con los muertos” son relatos de regresos o apariciones, narraciones arriesgadas que tratan con habilidad la cuestión de los desaparecidos, sin caer en facilismos. Los momentos más interesantes llegan cuando el terror proviene de lo inesperado, de lugares alejados de la convención. En “Ni cumpleaños ni bautismos” Nicolás ofrece sus servicios como camarógrafo para filmar cualquier cosa, sea legal o no, lo que lo lleva a ingresar en situaciones complejas que trastornan su vida. Es uno de los mejores cuentos del libro, que tiene cierta conexión espiritual con “Verde rojo anaranjado” y ese sentir digital de los tempranos dos mil, con un dolor que nada parece poder curar. En la misma zona se encuentra el espeluznante “Dónde estás corazón”, donde el horror surge de las perversiones humanas, de un fetichismo que parece no tener límites.

Si bien Los peligros de fumar en la cama por momentos se presenta desparejo y no alcanza la perfección formal de su sucesor, en él podemos encontrar el comienzo de una de las voces más interesantes de la literatura argentina actual, que se alimenta tanto de la tradición del cuento fantástico de su país como de lo más actual del terror “anglo” para crear un universo contemporáneo y argentino extremadamente personal.

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