Todo queda reparado

Reseña de El Libro de los Baltimore de Joël Dicker (Montevideo: Alfaguara, 2016). Salió en Brecha el 21 de abril de 2017.


9788420417349Con La verdad sobre el caso Harry Quebert (2012), Joël Dicker (Suiza, 1985), se transformó en todo lo que era su alter ego ficcional: rico, apuesto y famoso. La novela fue traducida a 39 idiomas y se volvió un éxito de ventas, al punto de sobrepasar a Inferno de Dan Brown en la lista europea de bestsellers. También fue popular para la crítica y los premios, recibiendo el Premio Goncourt des Lycéens y el Gran Premio de Novela de la Academia Francesa, entre otros. Sin embargo, tanto en el viejo continente como en los Estados Unidos, país donde transcurre la novela, hubo detractores. El New Yorker sentenció que su pátina de sofisticación lo transformaba en “un thriller para personas que no se ven a sí mismos como personas que leen thrillers”. Mientras que los medios suizos no comentaron los cargos de plagio, los críticos franceses acusaron a Dicker de hacer algo más que inspirarse en la obra de Philip Roth, ya que su novela replica elementos fundamentales de la trama, los personajes y la locación de La mancha humana, del gran escritor estadounidense. Más allá de la controversia, lo cierto es que Dicker nunca ocultó sus influencias, con múltiples referencias no solo a la obra de Roth sino a la de Norman Mailer y Vladimir Nabokov. Pero el mayor problema no es si hubo o no plagio, sino que frente a la literatura de esos autores la diferencia era notoria, y Dicker se quedaba muy corto.

De cualquier manera, La verdad sobre el caso Harry Quebert es un thriller muy bien logrado, adictivo y con sorpresas tramadas con una maestría inusual, que cada vez que se acerca al cliché lo traspone con un pulso insuperable. Los momentos más flojos del libro llegan con el intento de darle a la novela mayor profundidad filosófica, con una prosa que por momentos resulta acartonada y con los consejos literarios -y vitales- de Harry Quebert, que componen una cadena de lugares comunes. La nueva novela de Dicker, El Libro de los Baltimore, evita buena parte de los problemas de la primera, así como algunas de sus virtudes. El autor retoma como personaje al escritor Marcus Goldman, protagonista de La verdad…, donde relataba la historia de la amistad con su maestro, el escritor Harry Quebert, y de la investigación policial que se desarrolla cuando es hallado el cadáver de la joven Nola Kellergan en su jardín, desaparecida décadas atrás. También retorna a procedimientos ya utilizados, como el libro dentro del libro, y los saltos temporales (2004, 1989, 2001, 2012, entre otros) que dinamizan el texto.

El Libro de los Baltimore narra la historia familiar de Marcus Goldman. Hijo de los Goldman-de-Montclair, la rama menos glamorosa y exitosa de la familia, admira a la rama de su tío, los Goldman-de-Baltimore, representación ideal del sueño americano. Las reuniones familiares en la casa de su abuelo solo lo hacen envidiar aún más la vida de esos otros parientes, lo que lo lleva a pasar la mayor cantidad de tiempo posible con ellos. Una amistad inolvidable lo unirá a sus primos Woody y Hillel, con los que formará la Banda de los Goldman. La novela es atravesada por la historia de esta amistad: de su surgimiento, su profundización y su destrucción a manos de los demonios que la habitan. Marcus es a la vez partícipe y observador distanciado, ya que a pesar de sus deseos, él nunca será un Goldman-de-Baltimore. Esta distancia le permitirá discernir las maneras distorsionadas en que construimos las imágenes de los otros, y cómo en los primos Goldman se replica una especie de maldición familiar: la lucha constante entre hermanos por el amor de los padres, el deseo de exclusividad que se transforma en frustración permanente ante la imposibilidad de estar a la altura de lo que se cree que se desea de uno. Cuando Alexandra entre en escena, las tensiones enterradas emergerán lentamente. Pronto “el Drama” se perfila, para cambiar la historia de esta familia para siempre. Un cambio que se da en el marco de los atentados del 11 de septiembre, como si estos significaran un quiebre moral en la historia de los Estados Unidos, con la podredumbre emergiendo de las ruinas del american dream.

Si en La verdad… los personajes estaban subordinados a la intriga, en El Libro de los Baltimore los personajes son el centro. Y si bien esto implica una pérdida inevitable de las tensiones del thriller, el cambio de prioridades le permite a Dicker relatar con maestría la historia de una familia y unas amistades inolvidables, y a Goldman ajustar cuentas a través de la literatura, la única forma de reparar todo.

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