Después del mañana

Reseña de Future Days. El krautrock y la construcción de la Alemania moderna de David Stubbs (Buenos Aires: Caja Negra, 2015). Salió en Brecha el 13 de enero de 2017.


stubbs_altaDavid Stubbs (Inglaterra, 1962), crítico musical de revistas como Melody Maker y The Wire, publicó este libro originalmente en el 2014. A fines del año siguiente la editorial Caja Negra lo publicaba en Buenos Aires bajo el título Future Days: El krautrock y la construcción de la Alemania moderna. La celeridad es comprensible: es un libro fundamental.

Stubbs reconoce que el término “krautrock” resulta problemático, ya que kraut era la manera despectiva en la que los soldados estadounidenses se referían a los alemanes durante la Primera y la Segunda Guerra mundial. Además,  “¿Cómo podría una misma palabra encerrar las piezas de música ambient sideral y extrema de Ash Ra Tempel y los pesados collages industriales de Faust? ¿La fingida placidez burguesa de Kraftwerk y la agitación enfurecida y caótica de Amon Düül?” Sin embargo, afirma que “krautrock” -a pesar de sus defectos- puede cumplir esa función, despojada ya de sus usos peyorativos.  Sin olvidar que krautrock es una etiqueta impuesta desde el mundo anglo a una música que parecía llegada de otro planeta. O lo que es igual: de Alemania.

Un género que no se define por criterios musicales estrictos, sino por una geografía (Alemania), una época (fines de los 60 y los 70), y una intensa experimentación. En sus más de cuatrocientas páginas, Future Days no es solo un racconto de nombres, sino un profundo análisis de las circunstancias sociales que rodearon el surgimiento de la nueva música. El autor explora el territorio alemán -Dusseldorf, Berlín, Munich y Hamburgo-, no limitándose a las bandas más reconocidas sino explorando escenas oscuras y personajes fundamentales -como el ingeniero de sonido Conny Plank-, para generar un mapa cultural y social de la Alemania de posguerra. Examina tanto la música que los influyó -el jazz de Albert Ayler o las composiciones de Stockhausen-, así como la que ellos influyeron: desde Gary Numan a Joy Division, desde Afrika Bambaataa a Brian Eno y David Bowie. Bowie habría de ser fundamental en la difusión de la nueva música alemana,  porque “si Bowie pensaba que Alemania era cool, entonces Alemania era cool”.

A pesar de la variedad de artistas analizados a lo largo de los capítulos, el libro tiene dos polos inevitables en la música de Can y Kraftwerk. Irmin Schmidt -de Can- llegó a decir, muy ilustrativamente, que comparar a Can con Kraftwerk era como “comparar a la poeta Ingeborg Bachmann con el pintor Piet Mondrian”. Las diferencias entre los artistas son examinadas con imparcialidad y sin perder el filo crítico, reconociendo las fortalezas y debilidades de cada uno, y retomando a través de entrevistas el discurso de los propios protagonistas. Si “lo esencial para Kraftwerk era la determinación; para Can era el azar. Los miembros de Kraftwerk eran abstemios; los de Can abrazaron las drogas y los placeres de la vida”. Desde lugares opuestos, Can y Krafwerk definieron la música que vendría. Kraftwerk como gesamtkunstwerk (obra de arte total), con un énfasis fundamental en lo visual, como se puede ver en la portada de The Man-Machine  (1978) y su homenaje al constructivismo, la Bauhaus y el suprematismo.  Para Stubbs, Kraftwerk aspiraba a “un retorno a esa época del arte, en la que se creía que la adopción de nuevas tecnologías y formas estéticas podían contribuir realmente al desarrollo y mejora de la sociedad en su conjunto”. Serían influencias fundamentales para el electropop, el movimiento neo-glam y el new romantic, por su rechazo a las costumbres rockeras y a un conjunto de representaciones convencionales sobre lo humano. Quizás de manera inesperada, también proveerían las estructuras portantes de la música dance moderna. Can se mantendría más cerca de la improvisación y de la reinterpretación del rock y la psicodelia, reexaminando la idea de lo alemán, con el objetivo de reflejar su propia situación como músicos que trabajaban con las herramientas y tradiciones de países con los que no tenían ninguna vinculación.

Future Days disecciona a una juventud alemana que tuvo que enfrentarse a una herencia terrible, al olvido y el silencio de sus padres, y que encontraron en la reinvención de sus tradiciones el único camino posible. El trabajo de investigación periodística, así como el análisis musical y social son excelentes. La factura textual es impecable, con las proporciones exactas de información, crítica y experiencia personal. Un libro imprescindible para cualquier melómano.

 

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