Un lector problemático

530602Reseña de Montevideo noir de Hugo Burel (Montevideo: Alfaguara, 2015). Salió en Brecha el 5 de agosto de 2016.


Hugo Burel (Montevideo, 1951) regresa al policial con Montevideo noir, género en el que ya había incursionado con la premiada El corredor nocturno (2005) y El caso Bonapelch (2014). La novela transcurre en la Montevideo de 1964, una ciudad en la que ya se comienza a sentir la proximidad de una crisis brutal. Keller, un hombre de mediana edad, vende la casa familiar y se muda solo a un apartamento del Parque Rodó. La soledad no es elegida: su esposa acaba de morir y su hijo emigró a Australia en busca de nuevas oportunidades. Sumido en el desasosiego, deja su trabajo como redactor publicitario y se instala en una nueva realidad que aún no sabe cuál es. Lee con pasión una novela policial, Asesino a sueldo, que pronto le marcará el camino a seguir. Conoce a Beatriz, la joven vecina del apartamento contiguo, una huérfana que dedica su juventud a cuidar de su tía. Con tiempo y recursos financieros a su disposición, Keller se dedica a seguir a Beatriz y a investigar sobre su vida, con la excusa de protegerla.

Situada en la época del segundo colegiado, la recreación histórica es una parte importante de esta ficción, al igual que en El caso Bonapelch. La recreación es efectiva en cuanto a personajes y diálogos, pero un tanto torpe en su insistencia en nombrar lugares y productos (Parque Hotel, Sorocabana, El Oro del Rhin, La Ópera, London-París, Haig) de una forma que funciona más como un fetichismo de época que como un elemento necesario para la narración. Por momentos las aclaraciones del narrador sobre eventos o lugares históricos saturan la trama de información innecesaria que interrumpe su flujo y no aporta a la historia. A su vez, en un claro homenaje a las novelas policiales clásicas, hay una repetición de motivos tradicionales del género, tanto en la representación de un ideal masculino en la forma de Keller (gabardina incluida), como en la narración de la lectura de Asesino a sueldo. Y aunque una recreación siempre es una ficción, nunca un fiel retrato de la realidad, en este caso se percibe una idealización del pasado que prima sobre lo demás, deteniéndose en detalles que no aportan demasiado a lo que sucede y que tampoco funcionan como un atrayente análisis histórico.

La novela está estructurada en torno a la intertextualidad con la otra ficción, es decir con Asesino a sueldo, ya que a medida que la trama avanza Keller se ve cada vez más influenciado por el libro que está leyendo. Le interesa principalmente el protagonista y antihéroe Murray Sullivan, un asesino accidental devenido en profesional, un experto en no sentir. A medida que Keller nos narra el avance de su lectura del libro lo vemos transformarse en una nueva persona. La emoción que esta lectura desata en el personaje, con sus momentos de tensión y de reevaluación moral, se ve pocas veces replicada en la lectura de Montevideo noir. Lamentablemente,  es fácil ver desde el comienzo el camino que van a seguir estas transformaciones, y eso le quita impacto a lo que debería ser un fuerte cambio en el centro de la historia. Particularmente, las escenas que conectan a ambos personajes luego de la mitad del libro están realizadas de una manera bastante pobre. El mayor problema de la novela tienen que ver con el apego a ciertas convenciones del género que son mal utilizadas y que resultan en un tratamiento predecible. Es difícil creerle a Keller que no sabe lo que siente por Beatriz, cuando es evidente para el lector desde el momento de su aparición. A su vez, la joven indefensa que debe ser protegida por un hombre con edad como para ser su padre es un cliché que hace tiempo deberíamos haber dejado atrás. El hijo, Beatriz, la tía y el novio, son personajes chatos, lo que dificulta una conexión emocional con sus problemas. A medida que avanza el libro las diversas menciones al hijo resultan forzadas, antinaturales, como si el autor recordara de a ratos que también tenía que incluir algo sobre él.

En sus mejores momentos, Montevideo noir fluye a buen ritmo, en capítulos breves que impulsan la trama. Pero los predecibles juegos intertextuales, las abrumadoras referencias de época y la historia poco inspirada la vuelven una lectura olvidable.

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