La maqueta


Dos meses después del desembarco de Normandía las tropas norteamericanas bombardean la ciudad de Saint-Malo, último bastión de los nazis en la costa francesa. Marie-Laure y Werner se refugian como pueden, intentando sobrevivir. Así comienza La luz que no puedes ver, segunda novela del estadounidense Anthony Doerr (1973), ganadora del premio Pulitzer 2015, finalista del National Book Award y nombrada por el New York Times como una de las diez mejores del 2014.

Los protagonistas de esta historia son Marie-Laure y Werner, dos niños que ya desde lo superficial se destacan como especiales. Marie-Laure quedó ciega desde muy pequeña, pero vive una vida idílica con su padre, el cerrajero del Museo de Historia Natural de París. Un padre casi perfecto, que se dedicará de lleno a su hija, y que construirá maquetas de la ciudad para que ella estudie y pueda orientarse. Entre las fantásticas colecciones del museo, y las aventuras que la literatura (en braille) de Alexandre Dumas y Jules Verne le proveen, ella crece feliz.  Werner, un niño albino y pequeño, cuyo padre murió en la mina del pueblo, vive en un orfanato pobre pero lleno de amor. Junto a su hermana descubrirán el placer de la radio y el estudio de la ciencia cuando sin  querer sintonizan un programa francés sobre el tema. Las vidas de ambos se verán interrumpidas por la llegada del nazismo: Marie-Laure tendrá que huir a la ciudad de Saint-Malo con el diamante el Mar en Llamas, una pierda que puede que sea mágica, mientras que Werner tendrá la oportunidad –y obligación- de irse del pueblo a estudiar en una escuela de elite para las Juventudes Hitlerianas.

La novela está construida a partir de capítulos breves que alternan las tramas y los tiempos históricos, que van desde 1934 a 1945, y luego a 1974 y a 2014 (presente de la publicación original). Aunque al principio puede resultar cansadora, esta estructura le otorga ritmo a la historia y demuestra que Doerr sabe manejar con eficacia una narración de gran escala. Con una prosa correcta, aunque con algunos deslices cuando intenta ser “poética”, el autor se mantiene lejos del sentimentalismo. Sin embargo, tampoco logra alcanzar una gran profundidad. Sus mejores momentos son los de carácter íntimo, en los que la visión desde y sobre la infancia funciona a la perfección, transmitiendo el placer y la emoción de descubrir un mundo y sus posibilidades.

A pesar de todos los reconocimientos recibidos, hay algo gravemente defectuoso en esta novela. No en sus ambiciones, que son muy altas. El problema es cómo decide tratar estos temas. Esto va más allá de los clichés: de la chica francesa ciega que ama la naturaleza, el alemán que es bueno con la tecnología y los rusos que solo aparecen para violar mujeres. El gran problema es que el autor no parece encontrar un centro moral para representar lo que quiere. Esto no significa que haya una única manera de leer o retratar lo acontecido durante la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto (que casi no figura), pero es reveladora la forma en la que se decide representar estos eventos históricos.

Los problemas son varios. Hay un claro proceso de normalización del pasado, mediante el cual lo sucedido es absorbido y representado de una manera que lo hace parecer no tan grave. Sí, los alemanes bombardearon Francia, pero los estadounidenses también, parece plantear la novela, como si fueran hechos equivalentes. Algo del orden de lo políticamente correcto –tan estadounidense—impide hoy en día representar a los alemanes de una manera negativa. Esto no incluye a los rusos, que son brutos, sucios y malvados (comunistas), mientras que los alemanes son personas gentiles e inteligentes que quedaron atrapados en una situación que escapa a su control.  Por otro lado, hay una estetización, que sacrifica lo sustancial por lo superficial. La atracción que causa la estética fascista, ya resaltada por Sontag, es notoria aquí. También una estética quirky, en especial en la apariencia de los personajes y sus intereses. Por último, La luz que no puedes ver coquetea con lo mágico a través del Mar de Llamas y la intertextualidad con las novelas de aventura. Este diamante, que según dice la leyenda, causará la destrucción de todo lo que rodea a quien lo tenga, parece ser más culpable de lo que sucede que los factores históricos que llevaron al nazismo al poder. Lamentablemente, los aciertos de la novela se ven opacados cuando uno empieza a darse cuenta que se asemeja a una maqueta de la historia: plagada de simplificaciones y con los interiores vacíos. A pesar de la magia.

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