La escuelita del crimen

sin-tc3adtulo-3-01Reportaje sobre la Semana Negra en Uruguay de 2016. Salió en Brecha el 19 de agosto de 2016.


La cuarta edición de la Semana Negra en Uruguay se llevó a cabo entre el 10 y el 13 de agosto en el Centro Cultural de España y en el Museo Zorilla. Escritores, periodistas, actrices, criminólogos y forenses se reunieron para diseccionar los diversos aspectos de lo policial. El evento contó con varios invitados internacionales, entre ellos los españoles Juan Madrid y Eloy Fernández Porta, y el argentino Roberto Palacios. Estos son algunos momentos destacados de los dos días finales del encuentro.

El día viernes comenzó con “Crimen, periodismo y ficción. Los casos de Crónica de un crimen de Justino Zavala Muníz y Tierra en la boca de Carlos Martínez Moreno” un panel de la Licenciatura en Letras de la Facultad de Humanidades, coordinado por el profesor Pablo Rocca. Desafortunadamente Rocca no pudo participar, lo que dejó al panel sin una introducción que habría sido muy valiosa. Las presentaciones de los estudiantes se centraron en diversos aspectos de la relación entre novela y crónica periodística, principalmente a partir de un arduo trabajo de relevamiento de la prensa de la época. Más allá de los nervios que complicaron algunas de las presentaciones, se pudo apreciar una investigación de calidad sobre los comienzos de la literatura policial en el Uruguay. La presentación de Franco Scopelli, “Literatura y crónica roja” (realizada junto con Isabel Retamoso), y su análisis de las diferentes coberturas de los diarios Acción, El Plata y El Popular en relación a los modos de representación de la obra ficcional, fue el trabajo destacado.

La presentación del escritor español Juan Madrid en la mesa “En la jungla de Madrid” se hizo en formato entrevista por la periodista Débora Quiring. En ella Madrid desgranó algunos aspectos de su caudalosa producción literaria, de cómo la vida en los bajos fondos de la capital española le fue útil en su trabajo como periodista y escritor, presenciando de primera mano las historias que luego trasladaría a la ficción en los guiones de la serie de televisión Brigada central (1989-1990), o en una de sus novelas más famosas, Días contados, un relato sobre la movida madrileña que aunque no sea una novela policial, se ubica en la misma geografía, una selva de drogas y gente autodestructiva: “la última generación que Franco mató”, según Madrid. Captar la realidad, echar luz sobre la explotación y la desigualdad, encontrar la voz de cada personaje, son algunos de los objetivos que Madrid busca cumplir en el momento de escribir.

En la mesa “Periodistas que escriben sobre crímenes” -moderada por Gerardo Carrasco-, Raúl Ronzoni, Sergio Israel y Leonardo Haberkorn dialogaron sobre sus experiencias a la hora de pasar del formato breve al libro. La conversación discurrió por dos grandes líneas: las presiones a la hora de escribir y el proceso de investigación y escritura. Todos coincidieron en que las presiones editoriales existen a la hora de producir esta clase de libros, dado que si la coyuntura es favorable pueden llegar a ser grandes éxitos de ventas. Sin embargo, como resulta evidente, un libro de calidad no puede ser escrito “cuando la sangre no terminó de secarse”. Sin embargo, las presiones no son solamente editoriales, sino que en algunos casos pueden ser de tipo social, de parte de personas involucradas que preferirían que ciertos hechos no salieran a la luz. El problema de la intimidad de los entrevistados fue debatido en la mesa a través de varios ejemplos que lo posicionan como un tema importante a la hora de encarar una investigación de este tipo. También se habló del trabajo de investigar hechos ocurridos hace muchos años, con su consiguiente desaparición de huellas, pistas y testigos, así como la dificultad para acceder a la documentación en nuestro país. Sin embargo, estas investigaciones tienen el valor agregado de la posibilidad de aportar nuevos datos o  incluso conclusiones a investigaciones abandonadas hace muchos años. Ronzoni destacó que “el libro permite aportar riquezas que no pueden los periodistas coyunturales”, conclusión que los demás compartieron. Porque, como dijo el moderador, los mejores libros pintan una época a través de un caso.

Sábado

El último día de la Semana Negra tuvo un comienzo intenso con la mesa “La vida rejas adentro”, donde participaron Alberto Sarlo (Argentina), Laura Britos y Patricia Banchero, y fue moderada por la organizadora del evento, Alicia Escardó. La conversación se alejó de la literatura policial por un rato para centrarse en los aspectos humanos y sociológicos que rodean a los crímenes. Patricia Banchero es responsable de un programa de educación no formal en las cárceles uruguayas, y Laura Britos trabaja en el Centro de Formación Penitenciario (CEFOPEN), que se encarga de la formación del personal penitenciario civil y policial. Pero fue Alberto Sarlo quien se ganó al público con sus historias. Abogado de profesión, es el encargado de un taller en el Pabellón N°4 de la Unidad de Máxima Seguridad N° 23, de Florencio Varela. En este lugar funciona desde mayo de 2010 la editorial cartonera “Cuenteros, Verseros y Poetas” que fundó junto con los detenidos. Logró acceder a este pabellón, uno de los más peligrosos, en el que rige la ley de la selva y los policías no acceden sin una unidad especial, a partir de ganarse la confianza de los detenidos. Lo hizo a través del boxeo y con el fin de desterrar la idea de que “el que hace poesía es puto” y concentrarse en las clases y talleres que incluyen literatura y filosofía. En las sesiones grupales, donde los asistentes comentan y discuten lo leído, se pone el foco en el pensamiento filosófico en la cárcel, en “entender dónde estamos y a pensar por nosotros mismos”.

Como en ninguna actividad que gire en torno al policial podía estar ausente el cine, el sábado en la mesa moderada por Christian Font se habló del cine neo-noir. Participaron Eloy Fernández Porta (España) y Mariana Amieva. Amieva señalo que el cine noir genera varios elementos que rompen con el cine clásico: relatos difusos y ambiguos; la crisis del lugar de la mujer en la representación -en la que pasa a ser un sujeto en lugar de un objeto-; y la pareja importancia de forma y contenido. En la forma hay un uso diferente de los encuadres, la iluminación, el tiempo y el espacio, heredero del cine expresionista alemán del cual venían muchos de los profesionales que realizaron estos films en Hollywood. Por su parte, Eloy Fernández Porta se centró en los aspectos que definen al cine neo-noir, ejemplificando con algunos films de un “top 25 del género” que preparó para la ocasión. Fernández Porta señaló que el fatum, la inevitabilidad o el sentido de la fatalidad, es una característica fundamental de este cine, y señaló a la película Brick, de Rian Johnson, como un ejemplo brillante de esto. Así Fernández Porta fue señalando que elementos habían sido decisivos a la hora de elaborar el ranking de las 25 mejores películas. Por ejemplo, la corporación, que sustituye al gangster “arrabalero”, trasladando el mal de una persona y una geografía a una entidad muchas veces transnacional, en A quemarropa, de Boorman, o las prótesis o extensiones corporales, como en New Rose Hotel (basada en un cuento de William Gibson), como un aspecto que acerca a varias de estas películas a la ciencia ficción. Y también, entre otros, la restricción sentimental o impasividad del protagonista (La noche se mueve), tendencia que llevó a Porta a afirmar que “puede decirse que el neo noir es el cine existencialista norteamericano”.

Una de las conversaciones más entretenidas fue “Sobre la mente criminal” que reunió al periodista argentino Rodolfo Palacios con Jorge Bafico. Con una propuesta muy dinámica, en la que Bafico interrogaba sobre sus libros a Palacios para luego dar su análisis clínico de los involucrados, la charla se centró en tres asesinos icónicos: Robledo Puch, Ricardo Barreda y Arquímedes Puccio. Palacios contó que su método, un acercamiento profundo y prolongado a estos individuos, implica el riesgo de salir intoxicado. Como en el caso de Puccio, un psicópata que disfruta generar horror en el otro y que se mueve con extrema seguridad a pesar de vivir actualmente en el desamparo absoluto. Así, entre psicópatas, paranoicos, y rituales de un joven ángel rubio (Robledo Puch), el horror y la incomodidad nos intoxicó a todos.

La última mesa, “Panel de actrices: morir o matar sobre las tablas”, sumó otra disciplina a este festival literario. Fabiana Charlo y Gabriela Iribarren contaron sus experiencias a la hora de interpretar en el teatro a víctimas y victimarios. Charlo interpretó el  papel de Delmira en la obra de Milton Schinca, mientras que Iribarren hizo lo propio con Medea, en las versiones de Sófocles y Dea Loher, y con una víctima en La sangre de Sergi Belbel. Para Fabiana Charlo la investigación personal e histórica fue fundamental a la hora de preparar el papel y poder generar los matices necesarios para recrear una vida multifacética. Según Iribarren es fundamental comprender y alejarse del juicio moral de los personajes, para poder darles verosimilitud y transmitírsela al público. Porque como señaló, “las personas son más complejas que el acto que las define”. Algo que esta Semana Negra, con su increíble variedad de invitados y puntos de vista, nos dejó claro a todos los asistentes.

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