El espíritu y la carne

Reseña de Consumidos de David Cronenberg (Barcelona: Anagrama, 2016). Salió en Brecha el 22 de julio de 2016. PN911_Consumidos.indd


David Cronenberg (1943) es uno de los más reconocidos y premiados cineastas canadienses. Ingresó en la Universidad de Toronto a estudiar ciencias pero terminó graduándose en literatura con honores. Comenzó su carrera como director en películas que mezclaban la ciencia ficción y el horror corporal (o body horror), género del cual fue uno de los principales impulsores. Aunque sus historias se han ido alejando de estos géneros, algunos de sus temas siguen siendo los mismos: el miedo y la fascinación por las transformaciones corporales, la violencia, el papel de la tecnología como formadora de nuestros cuerpos y mentes.

En tres de sus primeros films, Shivers (1975), Rabid (1977) y The Brood (1979), un científico varón prueba sus nuevas terapias en una mujer con resultados imprevisibles y catastróficos. En todos los casos la cura termina siendo peor que la enfermedad. En The Brood, el doctor Hal Raglan, director del Instituto Somafree, desarrolla una nueva terapia llamada “psicoplasmosis”, en la que el doctor interpreta una figura de poder (padre, madre) en confrontaciones cara a cara con sus pacientes psiquiátricos. Gracias a la cura de la palabra, los pacientes expresan la furia que reprimen, la cual será expulsada de sus cuerpos a través de unas pústulas que surgen en la piel. Esta es una de las ideas más interesantes de la película, que ampliará en Scanners (1981): la unión mente-cuerpo. Las emociones de una de las pacientes de Raglan –Nola Carveth- tendrán consecuencias muy reales: su mente y su cuerpo trabajarán en conjunto, otorgándole poderes que su doctor y su esposo no pueden ni imaginar, y que ella no puede controlar.

La identidad, perpetuamente recreada y transformada en el contacto con el otro, es una idea central en su filmografía. Desde la fusión telepática de Scanners, en la que una mente entra en contacto con la otra de manera directa, a la recomposición genética del protagonista de The Fly (1986) pasando por las consolas de videojuegos (hechas de material orgánico, como no podía ser de otra manera) que se insertan en la columna vertebral en eXistenZ (1999) y que llevan a los protagonistas a una nueva realidad virtual, la identidad en las películas de Cronenberg es perpetuamente maleable. En Videodrome (1983) las fronteras entre los cuerpos humanos y la tecnología son abolidas: cualquiera que vea la señal se verá atrapado en una espiral de alucinaciones y transformaciones que afectarán de igual manera a su mente y a su cuerpo.

La sexualidad es un factor fundamental en muchas de estas transformaciones, como en Dead Ringers (1988), en la cual los nuevos deseos de uno de los gemelos precipitarán la caída de ambos, o en Crash (1996), en la que los accidentes de tránsito abren la posibilidad a una nueva sexualidad que lo devorará todo en una mezcla de cromo, refrigerante y semen. En el mundo de Cronenberg ya no hay una naturaleza humana primitiva o inocente, las personas están conectadas de tal manera por los medios masivos y la tecnología, que corren el riesgo de perder su identidad en el permanente contacto con los otros. Su enfoque, a la vez visceral y cerebral, entre lo gráfico y lo abstracto, es lo que lo hace un creador único y admirado por cineastas como Carpenter y Scorsese.

A partir de Dead Ringers, Cronenberg comienza a virar de un cine más centrado en sangrientas y explícitas transformaciones corporales a un cine enfocado en representar la desintegración de la mente, sin abandonar elementos de sus primeros films. La deslumbrante actuación de Jeremy Irons como los gemelos Mantle no es solamente una muestra de virtuosismo, sino una de las más emocionantes escenificaciones de la división mente-cuerpo. Al igual que Spider (2002) o Cosmopolis (2012) es un film predominantemente interior en su tratamiento del caos personal de sus protagonistas.

Otro aspecto fundamental de su obra es la presencia de entidades o industrias, como el ya nombrado Instituto Somafree, la compañía de seguridad ConSec (Scanners), Antenna Research (eXistenZ) o la empresa de capitales de  Eric Packer (Cosmopolis) y Hollywood (Maps to the Stars). Estos conglomerados suelen funcionar como catalizadores de cambios en un mundo en que el gobierno queda fuera de pantalla o es cómplice de los diversos experimentos. Los cambios que provocan en los cuerpos y mentes son a la vez generativos y destructivos, suelen ser irreversibles, odiados y deseados a la vez.

Un porcentaje importante de las películas de Cronenberg son adaptaciones de otras obras, tanto remakes de películas como adaptaciones de novelas y relatos gráficos. Podemos ver en sus elecciones un mapa de influencias e intereses del director. Estas incluyen tanto adaptaciones de obras de terror y ciencia ficción -como La zona muerta de Stephen King y el remake de The Fly– como de obras de “alta literatura” que se calificaban como “inadaptables” –Crash de J.G. Ballard y El almuerzo desnudo de William S. Burroughs-. Entre los límites de la literatura de vanguardia anglosajona, el terror y la ciencia ficción se encuentra su debut literario.

Historia de un caso curioso

Los protagonistas de Consumidos, su primera novela, son Naomi y Nathan, una pareja de periodistas que mantiene una relación determinada por la distancia y la tecnología. Nathan se dedica al periodismo de medicina, especialmente a los casos que escapan de lo usual o incluso de lo legal. Naomi escribe para Notorious, una publicación de inspiración retro en la que la muerte es lo que más gusta. Ambos usan el periodismo como un medio para acercarse a lo que está más allá de lo normal. A través de sus cámaras y demás artilugios tecnológicos –todos descritos con el puntilloso detallismo de un fetichista— cumplen las fantasías que no se atreven a realizar en carne propia, al igual que Vaughan en Crash, que a partir de sus registros fotográficos planea sus elaboradas fantasías de metal y sexo.

Nathan viajará a Hungría a investigar a un cirujano, el Dr. Molnár, que trabaja en la vanguardia de la medicina clandestina (y el tráfico de órganos) para luego terminar en Canadá investigando a un colega, el Dr. Roiphe, quien descubrió una enfermedad sexual que lleva su nombre. De forma paralela se narra la investigación de Naomi, que irá a París y luego a Tokyo tras la pista de Aristide Arosteguy, un filósofo francés acusado de asesinar y canibalizar a su esposa, la también filósofa Célestine Arosteguy. Esta pareja, una versión moderna de Sartre y Beauvoir, será el centro alrededor del cual se deslizarán las diversas tramas.

Tokyo, escenario de innumerables relatos de ciencia ficción, es el lugar en el que las conexiones comienzan a realizarse, donde la fantasía occidental confluye con el culto al nuevo líder norcoreano. Entre impresiones 3D de deformaciones corporales, relaciones íntimas entre estudiantes y profesores de La Sorbona, filosofía anticonsumista, reprogramaciones auditivas y apotemnofilia, Cronenberg captura el frenesí del descubrimiento y la reconfiguración del yo en un presente desesperanzador y solitario. Con una prosa y una curiosidad clínica pero casual, que recuerdan a su estilo detrás de cámara, el autor logra intensificar tanto el humor como el horror y balancear los múltiples elementos que componen la historia.

La novela condensa rasgos de estilo de diversas etapas de su cine. El tono general es cercano al de Mapa a las estrellas (2014) y Cosmopolis (2012) –y por lo tanto también a la narrativa de Don DeLillo— en su representación de una nueva moral consumista en la era del capitalismo avanzado. La historia ocupa un espacio intersticial entre el realismo y la ciencia ficción, que tan bien ha sido explotado por J.G. Ballard y por William Gibson en su trilogía de Blue Ant, la cual, a pesar de no ser una narración de género, tiene una cierta atmósfera que la acerca a una forma de hacer extraño el presente, una mirada que lo transforma para mostrar los futuros posibles que lo habitan. Dentro de esta atmósfera high-tech y de perturbaciones psicológicas también encontramos elementos del horror corporal que lo hizo famoso: automutilaciones, cáncer, enfermedades sexuales varias y partes del cuerpo invadidas por insectos. La influencia que tiene el film El juicioso uso de los insectos –de un enigmático cineasta norcoreano— en Célestine recuerda al descubrimiento de Videodrome, que también parecía provenir de Asia y que transformará a los personajes de maneras imprevistas y los llevará a cometer brutales actos de violencia en nombre de un nuevo orden.

Consumidos es varias cosas. El título de un libro dentro del libro, el que el Dr. Roiphe le propone escribir a Nathan para contar su vida y sus investigaciones actuales con su hija. También el posible título de una obra de arte, cuyos detalles no adelantaré. Lo que si podemos decir es que todos los “consumidos”, incluida esta novela, apuntan a lo mismo: a capturar la vorágine de cuerpos y mentes que se consumen mutuamente para transformarse en algo nuevo.

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